Santa María

Siglos XV-XVI. Gótico-renacentista

La iglesia de Santa María (Monumento Nacional del Estado desde el año 1931), está considerada como una de las mejores obras del panorama arquitectónico religioso vasco. Pese a sus dimensiones casi catedralicias, la austeridad de sus muros exteriores, semejantes a los de un torreón calizo, hace que pase desapercibida. Sin embargo, la riqueza de su interior representa toda una sorpresa.

Sus inicios coinciden con el momento más esplendoroso de la villa, siendo financiada su construcción por el pueblo. Por aquel entonces, el puerto de Deba era uno de los más importantes del Estado, junto con los de Santander y Bilbao. Los impuestos procedentes del tráfico de lana de Castilla, exportada a Flandes, Inglaterra y otros países europeos a través de este puerto, contribuyeron al enriquecimiento de la villa; un enriquecimiento en el que también tuvieron que ver las expediciones balleneras a Terranova.

 

   Fases de construcción

   La portada

   El interior y los retablos

   Las capillas

   La sacristía

   El coro y el órgano

   El claustro

   El campanario

   El reloj

   Vídeos

 

Folleto de la iglesia Santa Maria

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Fases de construcción

Comenzó a reedificarse en el siglo XV sobre los cimientos de la primitiva iglesia del siglo XIV, siendo ampliada en el XVI y concluída en el siglo XVII. De la época gótica se conservan la portada, las capillas laterales, el claustro y una mínima parte del triforio. Entre 1575 y 1629 se realizó la ampliación del templo, de marcado carácter renacentista. Esta coincidió con la derrota de la Armada Invencible (1588), hecho que conllevó la decadencia del tráfico de la lana y, en consecuencia, el retraso en las obras de ampliación.

 

La portada 

Fue construida en el siglo XV y policromada en el XVII (1682). La portada de Santa María tiene un precedente en la de la iglesia de Santa María de los Reyes de Laguardia (Alava). Su cronología y estilo coinciden con las de Elgoibar (Olaso), Gernika y Lekeitio, lo que sugiere que posiblemente fueran realizadas por el mismo autor (Juan de Acha).

Su iconografía presenta un friso con figuras de los doce apóstoles (seis a cada lado). El friso sustenta una archivolta gótica decorada con 38 figuras de ángeles, vírgenes y mártires, separadas por pequeños doseles.

El tímpano, dividido en tres franjas, representa en la primera, la Anunciación, la Visitación, El Nacimiento y la Epifanía; en la segunda, la Muerte y la Asunción de la Virgen; y en la tercera, la Coronación.

La puerta está dividida por un parteluz que tiene adosado la imagen del Cristo Victorioso.

El interior

Está constituido por tres amplias naves de la época renacentista. Estas naves están separadas por ocho columnas dispuestas en dos hileras de a cuatro. Las columnas presentan una basa ática y capiteles de estilo Dórico-Toscano, sosteniendo los nervios que forman las bóvedas de crucería estrellada, cuyas claves, algunas policromadas, están labradas con formas geométricas o figuras de tipo religioso. Las columnas guardan las medidas consideradas perfectas en los manuales de arquitectura del Renacimiento.

Pendiente de la bóveda mediante un cable, puede apreciarse una nave, exvoto que curiosamente corresponde al de una fragata armada en corso, ofrenda cuyo origen posiblemente esté relacionado con algún evento bélico naval.

En lo alto del muro sur, se abren grandes ventanales de vidrieras emplomadas, obra del maestro Simón Berasaluce. Están decoradas con motivos que representan diferentes labores profesionales y religiosas.

Los retablos

El retablo mayor fue ejecutado entre los años 1663 y 1671 por Pedro de Aloitiz, siendo Miguel de Brevilla el encargado de los dorados y pintura del mismo. Es una obra de estilo renacentista, aunque los elementos decorativos son totalmente barrocos. Su esquema es el de un banco o parte baja sobre el que se sitúan 3 cuerpos y 3 calles. A los dos lados del banco se representa la Oración del Huerto y la Última Cena.

El primer cuerpo muestra, a un lado, un relieve de la Inmaculada rodeada de una banda de rayos; y al otro, la Natividad de María. En el segundo cuerpo están representadas la Anunciación, la Asunción y la Visitación. El tercer cuerpo está dedicado a la Huída a Egipto, la Coronación y la Virgen sedente presentando al Niño. Separando las tres calles, se encuentran las esculturas de San Pedro y San Pablo, San Ignacio y San Roque, y Santo Domingo y San Francisco.

Los retablos laterales fueron realizados entre 1683 y 1686 por Pedro de Aloitiz y Matheo de Azpiazu.

El situado en el lado del Evangelio está dedicado a Nuestra Señora del Rosario y está presidido por la imagen de esta Virgen, flanqueada por las de Santa Rosa de Lima y Santa Rita de Norcia. En el segundo piso aparecen San Juan Bautista, San Agustín y San Bartolomé; y en el ático, San Antonio de Padua.

El retablo situado en la parte de la Epístola está presidido por una imagen de San Miguel Arcángel, flanqueado por San Buenaventura y Santa Teresa de Avila. En el resto de los huecos pueden reconocerse las imágenes de Santa Catalina, Santo Tomás, y probablemente, en la parte más alta, la de Santa Isabel Reina.

Las capillas

Fueron construidas por los nobles de la época, familias adineradas de mercaderes que se codeaban con la nobleza de Castilla.

Cada una de estas capillas sepulcrales constituyen, por sí mismas, un monumento. Al no estar contempladas en el proyecto inicial, fueron incorporadas posteriormente.

De las seis capillas existentes, tres se encuentran en el lado de la Epístola (entrando a la derecha), y tres en el lado del Evangelio (izquierda).

A la derecha se sitúan las de San Pedro (linaje de Aguirre), San Antón (linaje de Sasiola) - cuyo interior guarda un bello tríptico flamenco del siglo XVI -, y Santo Sepulcro (antigua sacristía).

En el lado izquierdo se sitúan las de Santo Domingo, que perteneció al comendador Juan de Anonaegui; la de San Juan, perteneciente al linaje de los Zubelzu y conocida como capilla de "La Hilandera"; y por último, la de Nuestra Señora de la Misericordia, perteneciente al poderoso linaje de los Irarrazabal.

La sacristía

La sacristía barroca fue la última empresa arquitectónica de envergadura que abordó Santa María de Deba. Fue realizada con el fin de dotarse de un espacio con las dimensiones necesarias para acoger las reuniones plenarias del nutrido cabildo parroquial (16 sacerdotes).

El proyecto se planteó a principios del siglo XVIII y la ejecución corrió a cargo de Lázaro de Lizardi, entre 1713 y 1714. El mobiliario fue diseñado por Francisco de Ibero en 1770, y está considerado como la obra cumbre de la ebanistería rococó guipuzcoana.

El coro

Se encuentra sostenido por un espacio abovedado, con tres arcos rebajados sustentados por dos grandes columnas, dando paso a las tres naves. La tribuna está flanqueada por dos escalinatas de acceso.

Encastrado en el muro del coro, puede apreciarse parte del antiguo triforio que rodeó el templo; triforio que desapareció con la ampliación relaizada en el siglo XVI.

El coro bajo, situado junto a las puertas de ingreso al templo, fue ejecutado en el siglo XVI. En cada uno de sus extremos se sitúan dos pequeñas cámaras gemelas de sección circular. La situada a la derecha de la entrada, desde su construcción hasta fechas recientes, fue destinada a Baptisterio; la de la izquierda siempre ha cumplido funciones de capilla  y es conocida como de la Virgen de Itziar.

El órgano

Construido en 2009 en los talleres catalanes de Gerhard Grenzing, está considerado como un referente en el campo de la construcción organera del siglo XXI. Los parámetros en los que se basó su realización fueron los de modernidad, personalidad propia y un diseño y estética acordes con la majestuosidad del templo de Santa María.

El instrumento se compone de cuatro cuerpos, tres manuales y pedal. La disposición de sus registros sintetiza el rico esquema de los grandes órganos de tradición ibérica con un amplio desarrollo de las tres familias en los teclados: aflautados, nazardos y lengüetas.

El diseño de su fachada está estrechamente vinculado a la iglesia y a la población. Sus línas están inspiradas en el retablo gótico de una de las capillas del templo: la de los Sasiola, y su decoración (escudo, rueca, campanas y tonos de aguamarinas) muestra elementos referentes a la heráldica, leyendas, e historia de la iglesia y de la villa marinera de Deba.

 

El claustro

 Su construcción debió iniciarse hacia el año 1500, siendo el más antiguo de Gipuzkoa. Está acostado en el flanco meridional del templo y su puerta fue el antiguo acceso a la iglesia por la cara sur. Pese a estar condicionado por las capillas, su traza es armónica y ordenada, y no renuncia a la tradición medieval de simbolizar en él la idealización del Paraíso Celestial. Así, las proporciones entre el cuadrilátero exterior e interior proporcionan un coeficiente de 1'618, que se conoce como "proporción áurea" o "Divina proporción".

Consta de 4 corredores ojivales abovedados y se abre al patio interior a través de 16 vanos apuntados con claraboyas de tracería. El proceso de construcción fue lento y discontinuo, como queda de anifiesto en los ventanales de la esquina noroeste del claustro, donde se alternan las tracerías flamígeras de principios del siglo XVI, con las renacentistas de 1547. Las bóvedas de terceletes romboides de la galería oriental y la ornamentación de las nacelas de los arcos, recuerdan a los realizados por Juan Guas (arquitecto favorito de los Reyes Católicos) en la catedral de Segovia y en San Juan de los Reyes de Toledo. Ello hace pensar que la dirección de obra pudo llevarla algún cantero vasco formado en el taller de Guas.

Comenzó a reedificarse en el siglo XV sobre los cimientos de la primitiva iglesia del siglo XIV, siendo ampliada en el XVI y concluída en el siglo XVII.